Paulina León cruzó montañas de agua para entender la migración

Artículo tomado del Diario El Comercio del domingo 27 de enero de 2008Paulina León cruzó montañas de agua para entender la migraciónLa artista Paulina León (1976), radicada en Alemania, prepara una obra sobre la migración. Cruzó el Atlántico en un pequeño velero.La migración es igual al limbo. El limbo es un estado donde nada es seguro, es la total espera, y esa espera es angustiosa. No es el infierno ni el cielo. No pretendo hablar por los otros, sino contar desde mi propia experiencia por qué la migración es igual al limbo.Hace seis años vivo en Alemania, donde estudio artes plásticas (también estudié arte en Francia y, en el Ecuador, en el Laboratorio Teatral de Malayerba). Salí de la Universidad Católica: había muchas censuras moralistas hacia el arte y por estar en desacuerdo me expulsaron.Aunque mi situación no es la de un ‘sin papeles’ en Alemania, aún así son latentes las consecuencias de ser un extranjero. La gente te ve como alguien completamente extraño, que solo sirve para realizar limpieza de baños: hay desprecio y la cultura es diferente.En Berlín empecé a investigar la migración, luego indagué en Barcelona, donde hay más emigrantes, sobre todo ecuatorianos. Ambas investigaciones son posibles gracias a becas alemanas: la Nafog, del Municipio de Berlín y la DAAD, del Gobierno alemán.Como parte de mi proyecto artístico decidí cruzar el mar. Lo haría en un pequeño velero de 42 pies, llamado Bumblebee. Tiene una cocina, dos camarotes, una sala y la cabina de control.En esta prueba me acompañaron Bjarke, un danés que quería conocer América, y Joe, un inglés, dueño del velero. Viajamos desde las Islas Canarias hasta el Caribe: el mismo recorrido que hizo Cristóbal Colón. Fueron tres semanas donde solo existía cielo y agua.En la primera semana conocimos nuestras vidas, luego apareció la monotonía, no sabíamos de qué más hablar. A veces, preferíamos la soledad y el silencio para escuchar nuestros pensamientos.Tuvimos que acostumbrarnos a la poca comida enlatada, a cuidar el agua dulce, a bañarnos poco… No se podía leer ni escribir mucho, por los mareos. Todas las cosas se caían por las olas gigantes, que parecían montañas de agua. Dormíamos, o intentábamos hacerlo, sosteniéndonos de la cama.Psicológicamente, la soledad y la angustia nos rodearon y creíamos que nos acariciaba la locura. ¿Hasta qué punto podemos soportar estar aislados de todo, sin que ese todo se percate de tres personas existiendo en la mitad del océano, en medio de la nada?¿Qué día es hoy?, preguntábamos. Alguien contestaba: el mismo de ayer, de anteayer, de mañana. Yo me preguntaba hasta qué punto uno existe. ¿Existes para los que se despidieron de ti? ¿Te recuerdan? ¿Será que existes por el recuerdo? Calculo que tuve 320 horas solo para pensar.Joe, el capitán del velero, miraba el mapa atlántico y el GPS y nos decía cuantos días faltaban. Muchas veces faltaban los mismos días, pues las corrientes no nos permitían avanzar. Aprendí y valoré muchas cosas, como el hacer nudos marineros.Los nudos marineros pueden sujetar, asegurar, mantener y hasta ahorcar. Todo tenía un sentido en el velero: si se halaba mal de un nudo, todo podía venirse abajo. Pero en la incertidumbre hubo emociones reconfortantes: ver el paso de los delfines y, en la noche, mirar las estrellas fugaces.Realizar el mismo viaje que hicieron conquistadores y esclavos fue medirse a uno mismo, más cuando en esas aguas han muerto varios emigrantes. Esta experiencia solamente puede ser expresada a través del lenguaje estético y sensible del arte.Terminado el viaje, lo único que queríamos era descansar, dormir bien, comer algo fresco, bañarnos, sentir el agua dulce, pisar tierra.Ahora, para mí viene el proceso de creación y producción para exponer esta experiencia al público.Mostraré este trabajo en Japón, en una exposición en Hiroshima. Lo primero que haré es un objeto escultórico que represente al velero, al océano y al universo: el espectador será el Dios que observa el velero en la mitad de la nada. Además, preparé una serie de dibujos y fotografías, un video y, posiblemente, una obra de teatro.Busca este artículo del diario El Comercio en el link Paulina León

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